viernes, 20 de marzo de 2015

Casados que viven con sus padres y el síndrome del cuco


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Casados que viven con sus padres

“El casado casa quiere” dice el refrán, y los refranes nunca se equivocan.

Una pareja que elige vivir en la casa paterna de cualquiera de los dos, arriesga su relación, pierde su intimidad y la oportunidad de vivir a su manera en su propio hogar.

Aunque para ambos resulte oneroso y poco conveniente desde cualquier punto de vista vivir solos, aunque tengan que renunciar a vivir en un barrio residencial o en un piso de lujo con todas las comodidades que los padres supieron conseguir y que con toda generosidad le ofrecen, la decisión más saludable a corto, mediano y largo plazo es tener su propia casa.

Vivir solos siempre es posible, claro que es un paso audaz que seguramente los obligue a privarse de algunas comodidades y a realizar la proeza de que demasiadas cosas entren en poco espacio, pero la intimidad que se logra teniendo las propias paredes no se puede alcanzar de otro modo.

Vivir con los padres de uno u otro, no es más cómodo, porque los dueños de casa son ellos y hay que respetarlos, adaptarse a su carácter, su manera de vivir, sus horarios, sus comidas, sus mascotas y sus amigos. Tolerar que no enciendan el aire acondicionado cuando tienen calor ni la calefacción cuando sienten frío, que el baño principal esté ocupado cuando más lo necesitan, que su cuñado escuche música a todo volumen y que los dueños de casa sean los que manejen el control remoto del televisor de pantalla gigante del living.

Además de todos estos inconvenientes existirá una infinidad de pequeños roces que se producirán todos los días, como inocentes pero molestos comentarios, indirectas, consejos, recomendaciones sobre cómo hay que hacer las cosas según ellos, que ya han vivido esa etapa pero claro está en otra época ya hace mucho tiempo.

Todo esto irá minando las relaciones entre ellos, de los roces se pasará a las discusiones y terminarán peleándose por cualquier cosa para poder descargar cada uno todas las broncas que tiene acumuladas dentro.

La convivencia de dos personas es difícil, un trabajo que se aprende día a día, teniendo mucha paciencia y tolerando muchas cosas que no agradan; tampoco es fácil convivir con los hijos cuando son adolescentes.

Pretender vivir en paz y en armonía con otros, además de la pareja y los hijos, aunque sean los padres y hermanos, es pecar de optimista.

Algunos hijos tienen tanta dependencia psicológica que no pueden pensar en arreglarse solos principalmente porque no confían en sí mismos y entonces hacen planes contando con la posible venta de la casa de los padres para tener su parte.

Cabe destacar, que si los padres tienen esa vivienda única, los hijos no pueden pedir la venta de la casa aunque queden viudos.

Creen erróneamente que esa es la única forma de independizarse, pero a menos que se aseguren que sus padres puedan comprar otro lugar para vivir, si se quedan sin vivienda será un mayor problema después, cuando lleguen a viejos.

El problema de la herencia paterna es arquetípica, porque ha sido, es y será frecuente que haya familias enteras que no se hablen por ese motivo.

No caigan en la tentación de contar con el dinero de una herencia ni jamás piensen en eso, porque las herencias son caprichosas y no llegan cuando se las necesita sino cuando menos se las espera.

Es cruel pensar que puede haber herederos esperando que uno muera para cobrar la herencia, sin embargo eso es lo que suele pasar, principalmente cuando los hijos, por una u otra razón, no se han podido independizar.

Malena







Fuentes y agradecimiento a la siguiente página. ¡Visítenla!:
http://psicologia-malenalede.blogspot.com.es/2014/06/casados-que-viven-con-sus-padres.html






Y el síndrome del cuco

 En el artículo no se menciona a los otros hijos que pueden verse afectados por este tipo de situaciones. El cuco no sólo se conforma con  echar del nido a los otros, encima trae a otro cuco: su pareja. Dos cucos viviendo en el nido familiar, algo horrible, porque los otros miembros de la familia terminan por marcharse o mueren, ya que el “alimento” va directo a la bocaza del cuco. Éste plantó su bandera en el nido familiar, la gran boca del cuco se reprodujo. El cuco no se limita a abrir la bocaza para comer, también la usa para manipular, chantajear, calumniar, y así quedarse en el nido de por vida. Todo esto disfrazado de victimismo, por su incapacidad de tomar las riendas de su vida, alegando comportamientos generosos con sus progenitores, JA.

 El cuco ya no puede volar, se ha acostumbrado a que le den el alimento, sus alas son adornos, si no obtiene el alimento, se abre la gran boca y no para de piar con gran estruendo, hasta obtener más alimento. Los padres incentivan esa conducta, porque jamás sufrirán el síndrome del nido vacío. Comportamientos neuróticos que se retroalimentan, conforme pasa el tiempo más difícil es romper el círculo, los progenitores mayores sienten la falsa necesidad de sentir cerca al cuco y su familia, porque éste les ha hecho ver lo “necesario” que es. El cuco tiene la ilusión de ser alimentado por sus padres hasta en el “más allá”.



































lunes, 16 de marzo de 2015

El chantaje emocional, abuso y manipulación emocional, familia tóxica, ¡sabiendo cuándo decir "no"!, tu libertad y la de los demás


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¿Porqué ciertas personas nos hacen sentir que vivimos perdiendo la partida, que no tuvimos oportunidad de expresar nuestra posición, ni de defender nuestros intereses? Tenemos la sensación, de que, una vez más, nos ganaron.

Sabemos que nos sentimos frustrados y resentidos, y que hemos renunciado a nuestro deseo por satisfacer a otra persona. ¿Porqué hay gente que tiene la virtud de superarnos emocionalmente, haciéndonos sentir totalmente derrotados?

Las personas con quienes nos enfrentamos en estos casos no son otra cosa que hábiles manipuladores. Nos brindan su afecto y su estima cuando se les da lo que ellos piden, pero terminan amenazándonos para lograr lo que quieren, o haciéndonos sentir terriblemente culpables cuando no hacemos su voluntad.

A pesar de conducirnos en forma exitosa y eficiente en otros aspectos de nuestras vidas, frente a esas personas nos sentimos abrumados e impotentes. Nos manejan como si fuéramos títeres.

Estas actitudes irritantes figuran entre las causas más comunes de fricciones en una relación y sin embargo, rara vez son identificadas o entendidas. A menudo, estos casos de manipulación se disimulan bajo el rótulo de “fallas en la comunicación”.

Solemos decir: “ Estoy actuando a partir de mis sentimientos, mientras que él lo hace a partir de su intelecto…”

Pero la verdad es que las fricciones no tienen su origen en estilos de comunicación diferentes. Tienen que ver mucho más con que una persona quiere imponer su voluntad a expensas del otro. Se trata de algo más que simples malentendidos: es una verdadera lucha de  poder.

El chantaje emocional es una forma de manipulación muy poderosa, en la cual personas afectivamente cercanas nos amenazan, directa o indirectamente, con castigarnos de alguna manera si no hacemos lo que ellos quieren. El chantajista emocional sabe cuánto valoramos la relación que nos une a él. Conoce nuestros puntos débiles. A menudo está enterado de nuestros secretos más profundos.

Al saber que queremos su amor y su aprobación, nos amenazan con privarnos de uno o de otra o nos hacen sentir que debemos ganarlos.

El chantajista tiene una gran habilidad para enmascarar la presión que ejerce sobre nosotros, y a menudo, la recibimos en forma tal que hace que nos cuestionemos nuestra propia percepción de lo que está ocurriendo.

Además, suele haber un gran abismo entre lo que nuestro chantajista hace, y la forma cariñosa y llena de amor con que lleva a cabo esas acciones frente a nosotros.

Por eso, nos sentimos confusos, desorientados y resentidos.


Las personas que recurren al chantaje emocional no se levantan por las mañanas preguntándose cómo hacer para destruir a sus víctimas. Por el contrario, son personas que utilizan ese comportamiento para obtener una sensación de seguridad y control. Por más aplomados que parezcan por fuera, operan siempre a partir de un alto grado de temor e inseguridad.

Pero cuando ellos hacen una señal y nosotros respondemos de inmediato, se sienten seguros y poderosos, aunque sólo sea en forma momentánea. El chantaje emocional se convierte en la defensa contra el dolor y la inseguridad.

El precio que pagamos cuando cedemos al chantaje emocional es enorme. Los comentarios y actitudes del chantajista nos hacen sentir desequilibrados, avergonzados y culpables.


Sabemos que tenemos que modificar la situación y, reiteradamente, nos prometemos que lo haremos, sólo para encontrarnos, una y otra vez, burlados y manipulados, como que hemos caído de nuevo en una trampa.

Comenzamos a dudar de nuestra capacidad de mantener la promesa que nos hacemos, y perdemos la confianza en nuestra eficiencia. Nuestra autoestima se va erosionando. Junto con nuestra integridad, perdemos la brújula interior que nos ayuda a determinar cuáles deberían ser nuestros valores y nuestra conducta.

Cuando convivimos con él, el chantaje emocional nos carcome y se expande hasta dañar en lo más hondo la relación en si, y nuestra propia autoestima.


El chantajista actúa, la mayor parte del tiempo con bondad y ternura y sólo ocasionalmente recurre al arma del chantaje. Por eso es que resulta muy difícil detectar la aparición de un esquema manipulatorio en una relación.


¿Cómo saber si alguien está más interesado en ganar la partida que en resolver el problema? Por cierto, no nos lo va a decir. No va a encararnos y decir: “Me importa un bledo lo que tú quieres, solo me interesa imponer mi propia voluntad”.

Si alguien, con toda sinceridad, desea resolver el conflicto con ud. de manera clara y equitativa, hará lo siguiente:

-         Le hablará con claridad sobre el conflicto existente

-         Averiguará cuáles son los sentimientos y preocupaciones de ud.

-         Descubrirá porqué ud. se resiste a sus deseos.

-         Aceptará su parte de responsabilidad en el conflicto.


Se puede estar muy enojado con alguien sin por eso maltratarlo y manipularlo emocionalmente. Los desacuerdos, hasta los más intensos, no tienen porqué ser mezclados con insultos o juicios negativos.

En cambio, si el objetivo fundamental de alguien es, simplemente, ganar la partida,

hará lo siguiente:

-         Tratará de dominarlo

-         Ignorará sus protestas

-         Insistirá en que su carácter y sus motivos son superiores a los de usted

-         Evitará asumir su parte de responsabilidad en el conflicto surgido entre los dos


Cuando observe que otros tratan de imponer su voluntad independientemente del costo que ello representa para usted, no dude de que se encuentra frente al comportamiento básico de un chantajista emocional.

Al analizar situaciones que podrían estar desembocando en chantaje emocional, siempre formúlese una pregunta: ¿Cuánta flexibilidad tengo y acepto en esta relación?

A medida que el chantaje emocional comienza a infiltrarse, sentimos un importante cambio de clima. Aparece una marcada frialdad,y perdemos gran parte de la flexibilidad que nos permite sortear con serenidad y seguridad los escollos que aparecen en cualquier relación. Cuando esa flexibilidad existe, es muy fácil tomarla como algo natural y restarle importancia.

Todos los días, sin demasiado esfuerzo o trauma, negociamos miles de detalles de nuestra existencia cotidiana.

Ahora bien, si la disposicion para la transacción comienza a desaparecer, el statu quo se convierte en  el esquema establecido para el futuro. Es como si no tuviéramos permiso para cambiar o apartarnos de un rol que no siempre nos es cómodo. Estamos congelados.

No hay equilibrio de poder. Mientras que antes no se exigía ningún tipo de “pago” por el amor, el afecto y el respeto, ahora, conservar el amor del chantajista depende cada vez más de hacer lo que él quiere.

El castigador silencioso- No hace falta que el castigador se exprese con fluidez, y ni siquiera que hable, para trasmitir su mensaje. Tanto los que callan ofendidos, como los que se refugian en una ira no verbalizada, dominan el arte de convertir en niños a quienes, en otros aspectos, son adultos responsables. Al maniobrar para evitar su ira, y sus manipulaciones agresivas, nos encontramos de pronto haciendo cosas que nunca hubiéramos considerado posibles. Al violar nuestros propios códigos, se incrementa lo que, de por sí, ya puede constituir una pesada carga de autorreproche, que nace a partir de nuestra incapacidad de hacer frente a nuestro chantajista y resistir sus actitudes.

Para casi todo el mundo, el frío silencio de estos castigadores resulta muy difícil de soportar. El se atrinchera tras una fachada impenetrable y transfiere a otros la responsabilidad por sus propios sentimientos. Nos sentimos conmocionados cuando alguien nos castiga de esa manera. Podemos sentir cómo la ira del  otro va creciendo silenciosamente y sabemos que nosotros somos el blanco de ella. Nos encierra en una situación estresante y tensa, por lo que la mayoría de nosotros cede rápidamente, porque es la forma más fácil que encontramos para aliviar esa situación intolerable.

El chantaje puede ir escalando posiciones, por lo que las consecuencias con las que amenaza el castigador pueden ser cada vez más graves: abandono, desamor, etc.

En el fragor del chantaje emocional, enceguecido por la intensidad de sus propias necesidades, el castigador parece olvidar los sentimientos de su víctima y volverse incapaz de analizar su propia conducta. Cree que lo que hace es correcto, y que lo asiste todo el derecho del mundo a exigir lo que exige. Enfrentar a un castigador puede requerir una enorme fortaleza interior, pero no es imposible.  Es cuestión de decir, y demostrar, que uno no seguirá aceptando el chantaje.

El autocastigador- Este es un individuo excesivamente necesitado de afecto, muy dependiente, que no asume su responsabilidad por su propia vida. Todas sus dificultades, reales o imaginarias, son culpa del otro. Mientras que el castigador convierte a su víctima en un niño dependiente, el autocastigador pone a su víctima en el papel de adulto protector…el único adulto en la relación. Somos quienes los pueden salvar de ellos mismos, rescatarlos de su desvalidez y proteger su fragilidad.


No existen fronteras demarcadas claramente entre los distintos tipos de chantaje, y muchos chantajistas combinan o utilizan más de un tipo.

Todos sentimos una serie de grandes y pequeños miedos. Todos tenemos obligaciones y responsabilidades, y todos vivimos con una cierta cuota de culpa. Estas emociones son inherentes a la vida, y por lo general aprendemos a vivir con ellas sin que nos abrumen o nos paralicen. Pero el chantajista sube el volumen de estos sentimientos, aturdiéndonos hasta que nos sentimos tan incómodos que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa –incluso en contra de nuestros propios intereses- con tal de bajar esas emociones a un nivel más tolerable. Las tácticas a las que recurren para inducir nuestra obnubilación generan respuestas casi tan automáticas como taparse los oídos cuando resuena el estridente sonido de una sirena. En lugar de pensar, reaccionamos. Y en ese espontáneo reaccionar nuestro reside la clave de la eficacia del chantaje emocional.

Cuando el chantajista nos presiona, entre el malestar que nos produce esa presión y nuestra conducta para aliviarlo, no hay prácticamente espacio para la reflexión.

El chantajista emocional construye su estrategia consciente e inconsciente en base a la información que nosotros le suministramos acerca de lo que nos causa miedo, nos genera obligación o culpa.

Hace varios años, yo vivia en una población costera en la cual, varias veces al año, la niebla viene del mar y se instala en el lugar hasta el otro día. Cierta noche, ya muy tarde, al volver del trabajo, la niebla estaba más densa que de costumbre y conduje mi automóvil hacia mi casa haciendo grandes esfuerzos para ver aunque fuera a un metro de distancia. Me sentí  muy aliviada cuando llegué  a mi calle y encontré la entrada a mi casa, pero también muy confundida al darme cuenta de que no podía abrir la puerta del garaje. Cuando me bajé del coche para ver qué pasaba, resultó que me encontraba frente al garaje de la casa de al lado. La niebla había impedido que me diera cuenta de mi error.

Lo que me ocurrió esa noche es exactamente lo que nos sucede cuando estamos envueltos en la niebla del chantaje emocional. Por más que nuestro rumbo sea el correcto, la niebla que el chantajista emocional crea a nuestro alrededor nos desorienta en medio de las situaciones y relaciones más familiares. Distorsiona nuestra perspectiva, desfigura nuestra historia personal, y encandila nuestra visión de lo que ocurre en torno. Las situaciones eluden el proceso intelectual y desencadenan, directamente, nuestros reflejos emocionales.

¿Cómo hacen los chantajistas para crear esa niebla que envuelve nuestra relación con ellos?

-         La tergiversación- El chantajista ve nuestros conflictos como un reflejo de lo equivocados y desubicados que estamos, a la vez que se describe a sí mismo como comprensivo y bienintencionado. Para decirlo de forma más directa: nosotros somos los malos de la película, y ellos son los héroes.

Esto es lo que se llama “tergiversación”: el chantajista es un maestro en eso de aparecer como un santo con nobles motivaciones, y al mismo tiempo, mostrar a su víctima como motivada, en el mejor de los casos, por intenciones y actitudes dudosas. El chantajista nos hace saber que es él quien debería ganar siempre porque lo que él quiere es más adecuado, más amplio o más maduro. Es lo mejor.

Al mismo tiempo nos tildan de egoístas, malos, inmaduros, desagradecidos o débiles de carácter. Cualquier resistencia de nuestra parte es transformada, y en lugar de ser expresión de nuestras necesidades, pasa a ser una evidencia de nuestras fallas. Cuando ese tipo de manipulación es eficaz, nos confunde respecto a qué puede ser enfermizo o saludable, y hace que nos cuestionemos lo que sucede entre el chantajista y nosotros.

Caemos en esa trampa porque queremos confiar en ellos, queremos que tengan razón y sean buenos, y no deseamos calificarlos de insensibles, malos o despóticos.

-Cuando nos convierten en “malos”.

Quienes utilizan esa arma contra nosotros, pueden anular nuestra seguridad interior y nuestro aplomo muy rápidamente, ya que nos convierten en “malos”.

“Me has herido”. “Me has desilusionado”.


-Patologización

Algunos chantajistas dicen que nos resistimos a sus exigencias, sólo porque estamos enfermos o locos. Así nos califican de histéricos, neuróticos, perversos, o discapacitados emocionales. Dado que este tipo de experiencia puede llegar a aniquilar nuestra sensación de identidad y nuestra autoconfianza, es una herramienta particularmente tóxica…y eficaz. La patologización se hace presente en una relación cuando una persona desea mayor entrega de parte de la otra, más tiempo, más compromiso, y cuando no la obtiene, intenta lograrla cuestionando la capacidad de amar de la otra. La patologización es particularmente persuasiva cuando proviene de una figura de autoridad como un médico, un profesor, un psicólogo, o un abogado. Con una actitud muy arrogante, algunas personas quieren demostrar que nadie puede cuestionar su posición. Nos dicen que velan por nuestros intereses y que negarnos equivale a demostrar  cuán obstinados e inseguros somos. Son ellos los expertos, aún cuando se trate del conocimiento más profundo de nosotros mismos, y no se nos permite cuestionar sus consejos  o interpretaciones.


-Buscando aliados

Cuando los intentos de chantaje de tipo individual no surten efecto, muchos chantajistas emocionales piden ayuda,  involucrando a otras personas- parientes, amigos- que los ayude a defender su causa.  Suelen recurrir a personas de las  que saben que la víctima respeta y aprecia, y ante un frente tan compacto, la víctima termina por sentirse indefensa.

-         Cuando se recurre a una instancia superior: “Mi analista dice que tu actitud es muy agresiva”

      “ En un curso que hice me dijeron que…”  “Leí un artículo que decía…”

El chantajista recurre  a una increíble variedad de fuentes- citas, comentarios, enseñanzas, escritos- e insistirá en convencernos de que hay una sola verdad: la que ellos postulan.

-Comparaciones negativas: “Si tú fueras como fulano” El chantajista nos presenta como modelo a otra persona, quien constituye el ideal inmaculado frente al cual resaltan nuestras falencias.

El mundo interno del chantajista emocional
Es un sujeto que detesta sentirse perdedor. No le importan las reglas del juego; lo importante es no perder. No le importa conservar la confianza del otro, respetar sus  sentimientos o jugar limpio. Las reglas básicas que permiten un intercambio afectivo sano y honesto, son echadas al viento.

El chantajista emocional no tolera la frustración de un “no”. Si bien se muestra como una persona común y a veces es un individuo altamente eficiente en muchos aspectos de su vida, opera a partir de una mentalidad de privación, siempre que se conmociona su sentido de estabilidad. El chantajista ve la resistencia a sus deseos como el síntoma de algo mucho más grave. Hasta la más leve frustración es considerada potencialmente catastrófica, y creen que, a no ser que correspondan de manera agresiva, el mundo- o usted- impedirá que obtengan algo que es de vital importancia para ellos.

-Esto no va a funcionar

-A nadie le  importa lo que yo quiero

-No soporto perder algo que quiero

-Siempre termino perdiendo y a nadie le importa

Con estos pensamientos rondando en su cabeza, el chantajista cree que no tiene ninguna posilidad de obtener lo que quiere, a no ser que utilice armas muy eficaces. Este pensamiento constituye el denominador común que subyace a todo chantaje emocional.

Estas convicciones tienen su origen en una larga historia de angustia e inseguridad, y el chantaje emocional es la única forma que la persona encuentra para manejarse en un mundo en el que no confía, ese mundo que, según ella, le robará lo que ama.

Muchas veces ocurre que quienes han sufrido alguna gran privación o pérdida en su infancia se vuelven excesivamente dependientes cuando llegan a la edad adulta, a fin de evitar el rechazo, el abandono o el ser ignorados.

A veces, la incapacidad de tolerar frustraciones puede ser una respuesta a incertidumbres y situaciones de estrés relativamente recientes. Las probabilidades de que se produzca un chantaje emocional se incrementan dramáticamente en el curso de crisis, como una separación o divorcio, la pérdida del trabajo, en una enfermedad o retiro laboral, ya que esas situaciones socavan la autoestima del chantajista emocional.

Uno de los tipos de chantajistas emocionales más sorprendente es aquel que parece tenerlo todo, y sin embargo, siempre parece querer más. Parece incongruente sugerir que el motivo de su actitud radica en privaciones sufridas, ya que nunca le ha faltado nada. Pero muchas veces, aquellas personas que fueron sobreprotegidas y consentidas tienen pocas oportunidades de desarrollar confianza en su capacidad  para manejar cualquier tipo de pérdida. A la primera señal de que pueden verse privados de algo, entran en estado de pánico y se apuntalan interiormente a través del chantaje emocional.

Todos los chantajistas focalizan su atención casi por completo en sus propias necesidades y deseos. Pueden ser como aplanadoras cuando uno no cumple con sus pretensiones: se convierten en seres inescrupulosos. Un amor que es tan ciego frente a los sentimientos de la persona que supuestamente aman, valoran o aprecian, casi no es amor.

Actúan como si la menor diferencia pusiera la relación al borde de la ruptura. Se sienten tan profundamente desilusionados y frustrados, que magnifican hasta el más mínimo desacuerdo y permiten que el mismo tiña de negatividad toda la relación. Como sucede con todo tipo de hipereacción, se hace mucha alharaca pero muy raras veces se expresan los verdaderos y más profundos sentimientos. ( miedo- angustia), por eso en lugar de comunicarlos, recurren al chantaje emocional. En el caso de hombres, muchas veces se averguenzan de sus necesidades afectivas y de sus temores.

El hecho es que el chantajista emocional gana batallas, pero finalmente pierde la guerra, ya que suele ganar con tácticas que generan una profunda brecha en la relación. La victoria a corto plazo le parece un triunfo, como si no hubiera un futuro para tener en cuenta.

Toda lógica, toda capacidad de evaluar las verdaderas consecuencias de sus actos, son anuladas por la urgencia de aferrarse a lo que tiene o a lo que desea. Envueltos en sus temores de carencia y privación, olvidan la frustración y alienación que están provocando en las personas a las que intentan manipular.

Muchas veces, parecería que el objetivo del chantajista no fuera solamente obtener lo que le hace sentir bien, sino también hacer sentir mal a su víctima. Exige…y humilla. En su intento de demostrar lo justo y razonable de sus exigencias, denigra el carácter y cuestiona las motivaciones del otro en cuestión. Procuran ahogarnos en un mar de culpa. El castigador no se ve como tal, sino como alguien que mantiene el orden, o controla con mano firme que las cosas vayan bien, o bien considera su actitud como la forma de demostrarnos que no lo podemos manipular. Se ven fuertes y responsables. Si con sus actitudes alguien sale lastimado, mala suerte. El fin justifica los  medios.

Muchos castigadores se consideran víctimas.


Cuando más abusador sea el chantajista, más tergiversa la realidad. Su exagerada sensibilidad y su egocentrismo magnifican los dolores que sienten y los ayudan a justificar sus agresiones, que consideran la lógica defensa contra nuestra supuesta intención de contrariarlos deliberadamente. El castigo también permite al chantajista asumir una posición activa y agresiva, que los hace sentir poderosos e invulnerables. Constituye una forma muy eficaz de tranquilizarse frente a lo que perciben como una amenaza a ser privados de algo. Si alguien grita, amenaza, o se niega a hablarnos, no hay  mucha oportunidad para tratar de elaborar sentimientos de ningún tipo.

Es un axioma que lo que no expresamos verbalmente lo decimos a través de nuestros actos. Si el castigador se permitiera unos instantes de introspección, se sentiría probablemente aterrado por los miedos y la vulnerabilidad interior que descubriría. Una de las más fascinantes paradojas de la conducta humana es que las personas más iracundas y castigadoras, son, en realidad las más asustadas.

Pero muy raras veces enfrentan sus temores, sino que atacan a otros, creando tanta desdicha con su conducta que a menudo terminan por ser abandonados, logrando así lo que en realidad más temen.

Los chantajistas más castigadores son aquellos que temen perder a alguien importante en su vida a causa de una separación, o divorcio, o desavenencia seria en una relación.

Este es el testimonio de Sherry, amante de Charles, un hombre casado, para quien ella trabajaba.

Un día soy la mujer más hermosa, excitante e interesante del mundo, pero en cuanto le digo que me siento en un callejón sin salida en esta relación, me convierto en una bruja desalmada que no entiende cuánto está haciendo él para resolver la situación. Ahora empezó a decirme que todo lo que él hace es dar, y dar y dar, y que yo no hago más que recibir, o sea, exactamente lo opuesto a lo que en realidad sucede. Además, de pronto, todo lo que hago en mi trabajo está mal. Si lo que intenta es hacerme sentir mal, lo está consiguiendo a la perfección.

¿Cómo es posible que me agreda de esa manera?


Ante la perspectiva de perder a su amante,y al ver que sus amenazas no surtían efecto, Charles hizo algo para aliviar el dolor de la pérdida: limitar o desconocer las virtudes de Sherry y negar sus valores. Si lograba verla como menos deseable, o valiosa, su sensación de pérdida se mitigaría. Cuanto más la desvalorizaba y castigaba, menos mal se sentía él.

La desvalorización de una persona es una táctica empleada con mucha frecuencia. Le permite al chantajista disimular sus verdaderos sentimientos de pérdida. Pero, al hacer eso, le envía a la otra persona mensajes ambivalentes :” No sirves para nada, pero voy a hacer lo imposible por retenerte”, cosa que ilustra, una vez más, su grado de desesperación.

A pesar de que lo último que desean en la vida es cortar una relación, muchas veces ellos mismos dan el primer paso hacia la ruptura, cuando sienten que su pareja tiene serias intenciones de abandonarlos. Esta actitud agresiva les permite seguir dominando la situación, a través de la vieja estrategia del “antes de que me echen, renuncio”.

Por extraño que parezca, el castigo establece una conexión emocional muy intensa entre el chantajista y su víctima. Al crear un clima densamente cargado, el chantajista sabe que está activando los sentimientos que la persona presionada tiene hacia él, y por más que se trate de sentimientos negativos, crean un lazo muy estrecho. Usted podrá llegar a odiar incluso al chantajista, pero mientras centre su atención en él, sentirá que no ha sido abandonado o ignorado. El castigo mantiene vivo un gran monto de afecto en una relación fracturada.

Lo más valioso que nos ha enseñado este “tour” por la psiquis del chantajista es que el chantaje emocional, que parece que tiene que ver con usted, y que usted percibe como una agresión hacia su persona, la  mayor parte de las veces no tiene que ver con usted, sino que proviene de la inseguridad interna del castigador.

Gran parte de las acusaciones, tergiversaciones, y actitudes castigadoras que nos hicieron sentir tan mal, se originan en el miedo, la angustia y la inseguridad que residen en el chantajista.

Esto no quiere decir que la persona objeto de chantaje emocional no desempeñe ningún rol en este proceso, dado que el mismo no podría producirse sin nuestra participación. Es decir, sin nuestro permiso.

Características que nos hacen vulnerables al chantaje emocional:

-Una excesiva necesidad de aprobación

-         Un profundo miedo al enojo del otro

-         Una gran necesidad de paz, sea cual fuere su precio

-         Una tendencia a asumir demasiada responsabilidad por la vida de los demás

-         Un alto nivel de inseguridad con respecto a nuestro valor y capacidad


Por ejemplo, no tiene nada de malo desear la aprobación. Pero  si nos volvemos adictos a ella, necesitaremos un suministro permanente, lo cual nos hace vulnerables al chantaje.

“Si no me aprueba, soy una mala persona , no valgo”.


El impacto del chantaje emocional


El chantaje emocional nos priva de una de nuestras posesiones más preciadas: nuestra integridad. La integridad es ese sitio interior en el cual residen nuestros valores y nuestra brújula moral que clarifica qué es bueno y qué es malo para nosotros. A pesar de que solemos asimilar “integridad” con “honestidad”, lo cierto es que quiere decir mucho más. La palabra en sí significa “estar entero” y la percibimos a través de la seguridad de saber: “Esto es lo que soy yo. Esto es lo que creo. Esto es lo que estoy dispuesto a hacer, y aquí fijo mis límites”.

La mayoría de nosotros no tendria dificultades para escuchar esa voz interior de “harás” o “no harás”. Pero imbricar estas convicciones en la trama de nuestra vida y defenderlas bajo la presión del chantaje emocional, es mucho más difícil. Muchas veces nos rendimos y comprometemos nuestra integridad, con lo que perdemos nuestra capacidad de recordar qué significa sentirse “entero”.

¿Cómo se percibe la integridad?


-Defendiendo las cosas en las que creo

-No permitiendo que el miedo domine mi vida

-Encarando a las personas que me han herido

-Definiendo quién soy yo, en lugar de permitir que otros me definan

-Cumpliendo con las promesas que me hago a mí mismo

-         No traicionando a otras personas

-         Diciendo la verdad

Estas son afirmaciones muy poderosas y cuando reflejan genuinamente nuestra forma de ser y de manejarnos en la vida, brindan una sensación de equilibrio que evita que el estrés y las presiones que constantemente inciden sobre nosotros, nos desvíen de nuestra línea de conducta.Cuando cedemos al chantaje emocional, tachamos uno por uno los items que figuran en esta lista, olvidando qué es lo correcto para nosotros. Y cada vez que lo hacemos, sacrificamos un poco más de nuestra integridad.

Cuando violamos ese sentido esencial de nuestra identidad, perdemos una de las fuerzas rectoras más claras y definidas de nuestra vida, y empezamos a ir a la deriva.

Entonces, se genera un círculo vicioso. Bajo presión hacemos algo que contradice nuestro sentido de la integridad, luego analizamos lo que hicimos, y nos sentimos mal por nuestra conducta. Por tanto esto no hace sino confirmar las afirmaciones de nuestro chantajista: que somos malos o deficientes. En consecuencia, perdemos el respeto por nosotros mismos y nos volvemos más vulnerables aún al chantaje emocional, porque necesitamos desesperadamente la aprobación del chantajista, la cual nos permitirá sentir que no somos tan malos como creíamos.


El impacto sobre la relación


El chantaje emocional quita la sensación de seguridad de cualquier relación. Y  cuando hablo de seguridad, me refiero a buena voluntad y confianza, es decir, los elementos que nos permiten sincerarnos con otra persona sin temor a que nuestras ideas y pensamientos sean malinterpretados. Si este factor de seguridad desaparece de un vínculo, éste no es más que una relación carente de ese contenido afectivo que nos permite ser auténticos frente a la otra persona.

A medida que el nivel de seguridad dentro de una relación decae, nos hacemos más cautelosos, escondiendo más y más cosas de nuestro chantajista. Dejamos de confiar en que a esa persona le importen nuestros sentimientos o nuestro bienestar, y que ni siquiera nos esté diciendo la verdad. Incluso nuestros sueños o planes pueden ser percibidos como amenazadores. Y no hay intimidad cuando uno tiene que cuidar cada palabra que dice.

Si tenemos que cuidar lo que decimos y lo que hacemos ¿qué queda de la relación?

La conversación sobre temas superficiales o neutros, incómodos silencios, y mucha tensión.  Y debajo de esa calma artificial, un abismo cada vez más grande.

La relación que en un tiempo, fue buena y profunda, comienza a hacerse más y más superficial a medida que la cantidad de temas “no conflictivos” se va reduciendo.


 ¡Visítenla!, fuente y agradecimiento:
https://damitapaty.wordpress.com/2007/06/26/chantaje-emocional-susan-forward/






El chantaje emocional.  

Castigar silenciosamente: Dice “No hace falta que el castigador se exprese con fluidez, y ni siquiera que hable, para trasmitir su mensaje. Tanto los que callan ofendidos, como los que se refugian en una ira no verbalizada, dominan el arte de convertir en niños a quienes, en otros aspectos, son adultos responsables. Al maniobrar para evitar su ira, y sus manipulaciones agresivas, nos encontramos de pronto haciendo cosas que nunca hubiéramos considerado posibles. Al violar nuestros propios códigos, se incrementa lo que, de por sí, ya puede constituir una pesada carga de autorreproche, que nace a partir de nuestra incapacidad de hacer frente a nuestro chantajista y resistir sus actitudes.

Para casi todo el mundo, el frío silencio de estos castigadores resulta muy difícil de soportar. El se atrinchera tras una fachada impenetrable y transfiere a otros la responsabilidad por sus propios sentimientos. Nos sentimos conmocionados cuando alguien nos castiga de esa manera. Podemos sentir cómo la ira del  otro va creciendo silenciosamente y sabemos que nosotros somos el blanco de ella. Nos encierra en una situación estresante y tensa, por lo que la mayoría de nosotros cede rápidamente, porque es la forma más fácil que encontramos para aliviar esa situación intolerable”

Autocastigarse: Dice con referencia al autocastigador: “Este es un individuo excesivamente necesitado de afecto, muy dependiente, que no asume su responsabilidad por su propia vida. Todas sus dificultades, reales o imaginarias, son culpa del otro. Mientras que el castigador convierte a su víctima en un niño dependiente, el autocastigador pone a su víctima en el papel de adulto protector…el único adulto en la relación. Somos quienes los pueden salvar de ellos mismos, rescatarlos de su desvalidez y proteger su fragilidad.

No existen fronteras demarcadas claramente entre los distintos tipos de chantaje, y muchos chantajistas combinan o utilizan más de un tipo.”

Usar la tergiversación: El chantajista ve nuestros conflictos como un reflejo de lo equivocados y desubicados que estamos, a la vez que se describe a sí mismo como comprensivo y bienintencionado. Para decirlo de forma más directa: nosotros somos los malos de la película, y ellos son los héroes.

Esto es lo que se llama “tergiversación”: el chantajista es un maestro en eso de aparecer como un santo con nobles motivaciones, y al mismo tiempo, mostrar a su víctima como motivada, en el mejor de los casos, por intenciones y actitudes dudosas. El chantajista nos hace saber que es él quien debería ganar siempre porque lo que él quiere es más adecuado, más amplio o más maduro. Es lo mejor.

Al mismo tiempo nos tildan de egoístas, malos, inmaduros, desagradecidos o débiles de carácter. Cualquier resistencia de nuestra parte es transformada, y en lugar de ser expresión de nuestras necesidades, pasa a ser una evidencia de nuestras fallas. Cuando ese tipo de manipulación es eficaz, nos confunde respecto a qué puede ser enfermizo o saludable, y hace que nos cuestionemos lo que sucede entre el chantajista y nosotros.

Caemos en esa trampa porque queremos confiar en ellos, queremos que tengan razón y sean buenos, y no deseamos calificarlos de insensibles, malos o despóticos.

Convertirnos en “malos”: Quienes utilizan esa arma contra nosotros, pueden anular nuestra seguridad interior y nuestro aplomo muy rápidamente, ya que nos convierten en “malos”. “Me has herido”, “Me has desilusionado”.

Patologización: Algunos chantajistas dicen que nos resistimos a sus exigencias, sólo porque estamos enfermos o locos. Así nos califican de histéricos, neuróticos, perversos, o discapacitados emocionales. Dado que este tipo de experiencia puede llegar a aniquilar nuestra sensación de identidad y nuestra autoconfianza, es una herramienta particularmente tóxica…y eficaz.

La patologización se hace presente en una relación cuando una persona desea mayor entrega de parte de la otra, más tiempo, más compromiso, y cuando no la obtiene, intenta lograrla cuestionando la capacidad de amar de la otra.

La patologización es particularmente persuasiva cuando proviene de una figura de autoridad como un médico, un profesor, un psicólogo, o un abogado. Con una actitud muy arrogante, algunas personas quieren demostrar que nadie puede cuestionar su posición. Nos dicen que velan por nuestros intereses y que negarnos equivale a demostrar  cuán obstinados e inseguros somos. Son ellos los expertos, aún cuando se trate del conocimiento más profundo de nosotros mismos, y no se nos permite cuestionar sus consejos  o interpretaciones.

Buscar aliados: Cuando los intentos de chantaje de tipo individual no surten efecto, muchos chantajistas emocionales piden ayuda,  involucrando a otras personas- parientes, amigos- que los ayude a defender su causa.  Suelen recurrir a personas de las  que saben que la víctima respeta y aprecia, y ante un frente tan compacto, la víctima termina por sentirse indefensa.

Cuando se recurre a una instancia superior: “Mi analista dice que tu actitud es muy agresiva”. “En un curso que hice me dijeron que…”  “Leí un artículo que decía…”

El chantajista recurre  a una increíble variedad de fuentes- citas, comentarios, enseñanzas, escritos- e insistirá en convencernos de que hay una sola verdad: la que ellos postulan.

También hacen comparaciones negativas: “Si tú fueras como fulano” El chantajista nos presenta como modelo a otra persona, quien constituye el ideal inmaculado frente al cual resaltan nuestras falencias.



¡Visítenla!, fuente y agradecimiento:
Susan Forward
https://sentirentenderymodificar.wordpress.com/2012/04/09/el-chantaje-emocional-segun-susan-forward/







Familia Toxica : El enemigo en casa.


Todos tenemos una familia, nacemos en un núcleo que previamente elegimos, pero no somos conscientes del “premio” hasta que es demasiado tarde. Unos tienen la suerte de encontrar en ella su apoyo y su guía y otros tienen en ellos a su peor enemigo. Si tienes la fortuna de tener una familia idílica es probable que no te sientas identificado, o no logres a discernir lo que es una familia toxica. Quien mas, quien menos ha chocado frontalmente con algún miembro de su núcleo familiar, también es mas común de lo que parece, tener varios frentes abiertos con cada uno de los miembros que forman tu familia. Esos seres con los que te une un nudo férreo, a los que estas unido por el lazo irrompible de la sangre, pueden hacer de tu casa un autentico Pandemónium, un infierno comprimido y asfixiante en el que ninguna penitencia parece aliviar su fuego.

A poco que seas una persona abierta de mente, puedes llegar a pensar que arrastras una gran cantidad de karma y esa relación hiriente que mantienes con tus seres queridos, es una forma de purgar todo ese saldo karmico que llevas a tus espaldas de otras encarnaciones, incluso puede que pienses que te lo mereces de algún modo, el chantaje emocional, la indiferencia y el desapego que te proyectan pueden llegar a hacerte pensar que eres tu el culpable y que aquello que te sucede realmente lo mereces, sufres porque eres el malo y tu entorno te lo recuerda a cada minuto.

Lo normal en muchas familias, es que cuando hay un miembro que se muestra capaz, independiente y resuelto con el entorno, un ser que agarra con fuerza su timón y se guía por la vida allí donde se propone, termine levantando las iras y las envidias más feroces de sus progenitores. Un polluelo que no necesita lecciones para emprender el vuelo, es un desagradecido y merece su rechazo más absoluto. Por regla general, los progenitores no reciben con agrado que un hijo pueda aleccionar y dar ejemplo, ellos o no supieron o no tuvieron el valor de enfocar sus vidas de la manera que idearon y desprecian irracionalmente a su vástago por lograr lo que ellos no se atrevieron emprender.

Utiliza esa situación angustiosa que mastica tu familia en tu provecho, quizás es la manera que proyectaste, para que te vieras obligado a emprender tu camino en solitario. Una familia opresora y castrante es el impulso que necesitas para salir y encontrarte a ti mismo, Encontraras indiferencia y rechazo, ese será el ultimo empujón que necesitabas. Tomar un rumbo distinto al que te ofrece hasta ese momento la vida, en esa especie de bucle sin salida, sin progresos, sin metas, para desarrollarte como persona, encontrar tus verdaderos dones, desarrollarlos y perfeccionarlos. Convertirte por ti mismo, en un ser completamente nuevo con un bagaje amplio y unas experiencias que te hagan crecer y evolucionar.

Quedarte anquilosado en ese núcleo que crees el mejor por que esa institución familiar dicta que la tradición y el orgullo es lo que la identifica, lo que la define y la diferencia. Que la sangre debe permanecer unida y ser una roca, pero en tu interior no te identificas con nada de esto. Salir y enfrentarte al mundo solo, es la vía no solo de escape, si no que te permita saber quien eres y de lo que eres capaz, esto solo se aprende con la experiencia y en solitario. Si no yerras una y otra vez, nunca aprenderás y este paso por la vida será como un cero a la izquierda, en tu casillero de experiencias.






Con el paso del tiempo y una vez madurada y reposada tu vida en el conocimiento y la experiencia de vivir en consecuencia con tus propias decisiones, puede que el regreso a casa sea distinto, la vida te ha dado las herramientas para lidiar con esas personas cerradas, y puedas emprender de nuevo esa relación, construyéndola con otros lazos distintos. En el peor de los casos, te darás cuenta de que poco o nada a cambiado y bendecirás el momento que decidiste partir y encontrar tu lugar en el mundo.

No debemos obligarnos a permanecer al lado de aquel que nos hace daño, no debemos caer en falsos chantajes, amor con prebendas y sentimientos de posesión. Nadie por mucha sangre que lleves de ella en tus venas, tiene mas autoridad sobre ti que tú, y por supuesto nadie te conoce mejor que tu mismo. Tu intuición, tu criterio y tu sentido común deben ser la brújula que te marque la dirección correcta. No hay que tener miedo al error, ya que gracias a el te convertirás en mejor persona, forjaras carácter y enriquecerás tu personalidad. Permanecer encarcelado en una relación toxica solo por el lazo que te une a ellos, impedirá que despliegues las alas de tu autoconocimiento y vueles hacia horizontes donde la sabiduría y la experiencia te esperan con los brazos abiertos.

Si por el contrario disfrutas de una familia que te enriquece y te aporta conocimiento, disfruta de tu premio, ya que la necesidad de expandir tus horizontes, quizás no sean tan apremiantes. Debemos permanecer al lado de todo aquel que nos enriquece y nos hace mejores y debemos apartarnos de aquellos que nos hacen reincidir en nuestro peor defecto, nos obliga a tropezarnos una y otra veza con nuestro ego y limita nuestra expansión mental y social. Nunca debemos arrepentirnos de lo que hicimos. Por muy mal que nos resulte esta empresa, por muy traumática que sea la experiencia, siempre será mejor haber errado que el no haberlo intentado al menos.

Por muy toxico que sea tu entorno familiar, si este ambiente te empuja a buscar tu ubicación en este mundo, no puedes mas que dar las gracias. Ellos inconscientemente te ayudaron a dar con la senda que te permitió hallarte entre un mar de caos y dudas, dar con el sentido a esta vida y desarrollar tus propios dones, para convertirte en ese instrumento perfectamente afinado que hay en ti, es una gran recompensa. Agradece a esos que te oprimieron ya que sin esa negatividad no hubieras encontrado tu positividad, gracias a esa oscuridad hallaste el modo de encender tu luz e iluminar tu camino.



¡Visítenla!, fuente y agradecimiento:

http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2014/07/familia-toxica-el-enemigo-en-casa.html









La profunda aceptación de la vida... ¡sabiendo cuándo decir "no"!
por Jeff Foster

Hoy quiero hablar acerca de un asunto que parece ser mal interpretado dentro de la "comunidad espiritual".

Si nos aceptamos plenamente tal y como somos, y aceptamos profundamente todas las situaciones tal y como se presentan y aceptamos completamente a los demás tal y como son, ¿significa que debamos siempre decir "sí" a todo y a todos, incluso si ese "sí" genera más violencia? ¿Significa que deberíamos volvernos pasivos y permitir que otros "nos pasen por encima", por decirlo de alguna manera? ¿El que "todo esté bien", significa que debamos perder nuestro poder de discriminación?

Por supuesto que no. La profunda aceptación es tan vasta que abraza tanto el "sí" como el "no" de la vida.

Por ejemplo, si alguien te golpea cada noche, ¿sería inteligente, sabio, bondadoso, en todo el sentido que estas palabras encierran seguir permitiéndolo; decir "sí", ya sea explícita o implícitamente, cuando en tus entrañas sientes un "no" —independientemente del amor que sientas por la otra persona?

Decir "no" a la violencia, al abuso o a cualquier aspecto que en el fondo de tu corazón no lo sientas adecuado, no es lo mismo que decir "no" a la vida en sí. Decir "no" no es necesariamente resistirse a la vida. Esto es tan, pero tan importante que lo entendamos.

¿Cuántas veces decimos "sí" cuando realmente queremos decir "no", y viceversa? Si realmente deseamos decir "no", si el "no" es nuestra verdad más profunda, entonces, decir "sí" se convierte en una mentira, en el momento, ya que esto deshonra la verdad vibrante de la vida, esa vida que se mueve dentro de ti, a través de ti, como tú mismo. Ese pobre e insignificante "no" sólo requiere un poco de atención bondadosa...

A menudo decimos un "sí" debido a que tenemos el interés de mantener alguna imagen acerca de nosotros mismos. Nos gusta ser percibidos como amables, como compasivos, como aquellos que siempre dicen si; como los positivos, como los despiertos, o tal vez como aquellos que son capaces de aceptarlo todo sin importar de qué se trate. No queremos dar la imagen de "negativos" o una especie de aguafiestas. ¡Qué carga más grande tratar de fingir que somos todo eso! Esta enseñanza no es acerca de crearte nuevas imágenes. Es más bien acerca de liberarte de toda imagen.

¿Si algún insecto mortal viene a devorar tu piel, sería prudente tomar las medidas necesarias para echarlo fuera? Al quitar este insecto en particular de tu piel, no estás diciendo "no" a la existencia de insectos mortíferos. No le estás diciendo "no" a la vida como tal. No estás en guerra con el insecto. No sientes ningún odio. No es tu enemigo mortal. Es la vida misma, tal y como tú lo eres. Visto desde este ángulo, visto a través de los ojos universales, aunque estés eliminando este insecto, estarás realmente afirmando la vida, no resistiéndola. Estás afirmando lo sagrado y lo misterioso de ella. Estás diciendo sí a la vida en todas sus manifestaciones —incluyendo a la manifestación en que se está eliminando un insecto de la piel humana (tan amorosamente como sea posible, ¡espero!). Pretender que aceptas el insecto, pretender que tienes un "sí" para ser comido vivo cuando un "no" también es un movimiento válido de la vida, no parece tan honesto ni tan inteligente.

Por supuesto que nadie podría decirte si un "sí" o un "no" es adecuado para ti en cada momento. Este pleno "sí" o "no" es algo que debemos encontrar por nosotros mismos. Tal vez algunos de nosotros tengamos la capacidad de tolerar insectos mortales más que otros. No lo sé. Pero eso es otro asunto. La profunda aceptación que ya eres es tan vasta tanto para un "no" como para un "sí" en cada momento. Ambos movimientos son aceptados por el incondicional, eterno SÍ que tú eres. Ese es el SÍ que realmente estamos buscando —el SÍ que no tiene opuesto.

Entonces no se trata de convertirse en una "persona que acepta profundamente", o en "alguien que nunca dice no". No se trata de mantener una imagen espiritual. Se trata de que recuerdes aquello que eres, más allá de una imagen, más allá de todas las imágenes —la vida misma. Y se trata de honrar esta vida que ya eres, que ya somos todos. Y a veces, honrar la vida se expresa a través de un firme, amoroso e inteligente "no".

Un "no" expresado con claridad y honestidad, sin odio, sin violencia, sin apego a ningún resultado, sin tratar de mantener una imagen personal, es realmente un gran SÍ a la vida. Hace algunos días tuve la necesidad de eliminar a alguien de mi página de Facebook, alguien que había estado abusando de otros miembros por meses, llamándoles "enfermos mentales" y algunas otras cosas y quien hizo caso omiso de todas mis advertencias justas y a mis ofrecimientos de ayuda. Este es un buen ejemplo de un "no" proveniente de un profundo SÍ. Esta persona se encontraba claramente con un gran dolor psicológico, sin embargo, no estaba interesado en ningún tipo de ayuda, viéndose a sí mismo por encima de los demás. El hecho de eliminarlo no era un "no" a él, o un "no" a la vida. No se trataba de rechazarlo a él, tampoco de juzgarlo como un ser vivo, respirando sufrimiento. Fue más bien un ejemplo de "sí" a la vida disfrazado de un claro "no" a esa conducta en particular, dentro de ese contexto, en un momento también muy particular. No hubo ninguna violencia, tampoco ninguna clase de amargura. Se trató de una aceptación profunda moviéndose tan sólo como una preferencia —la preferencia de todos los miembros de esa página de no abusar los unos de los otros de manera repetitiva, incluso después de haber hecho las advertencias pertinentes— y que el resultado del abuso continuo terminaría con la pérdida de su privilegio para participar. Los límites eran claros, el "no" estaba claro, y en realidad, ese "no" era un "sí" a la vida, un "sí" a esta página de Facebook y a todos sus usuarios, y un "sí" al regreso de esta persona cuando se sienta listo para decir también "sí" a todo. ¡Por supuesto que tal vez él no lo vea así en este momento! y eso también lo puedo entender. Todo se da en su exacto lugar y tiempo.

La profunda aceptación de las cosas tal y como son, es totalmente compatible con una acción o expresión honesta e inteligente y es también honrar profundamente las preferencias conforme van surgiendo. Las preferencias no son necesariamente juicios, no están para nada " en contra" de la vida. El "no" a una circunstancia en particular es abrazado por la vastedad del SÍ cósmico que somos.

Así que prestémosle nuestra bondadosa atención a esa pobre y descuidada ola del "no" cada vez que aparezca, mientras descansamos en ese profundo abrazo oceánico del SÍ, siempre disponible.






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http://www.advaitainfo.com/articulos/profunda-aceptacion-vida.html







Es muy importante tu libertad y la libertad de los demás;



cuando sientas que alguien de tu entorno no te trata con respeto, sientes que de alguna manera está limitando tu libertad, debes alejarte de esta persona, con amabilidad, con amor... deseándole lo mejor.

Si es alguien de tu familia, puedes poner distancia entre tú y la otra persona, siempre con amor; respetando su libertad y también respetándote a ti mismo. No permitas que nadie te maltrate, no permitas que te utilicen para su beneficio, haciéndote sentir culpable si no haces lo que la otra persona quiere. La vida no es así... no se trata de aguantar, ni de permitir que los demás abusen de ti. 
Simplemente puedes decirle amablemente: "Gracias, pero no me siento bien cuando me hablas así. Es beneficioso para ambos que haya respeto".
Absolutamente nadie puede pretender cambiar a otra persona, ni mucho menos que esté a sus pies. Nadie es esclavo de nadie. Si la otra persona no comprende que tú eres un ser libre, no tienes más remedio que alejarte de ella, con amabilidad, con amor.

Cuando pretendes que otra persona haga lo que tú quieres, le estás privando de su libertad, y al mismo tiempo estás creando karma. 

De la misma manera, cuando tú mismo permites ser abusado o privado de tu propia libertad, porque no tienes más salida en la vida que estar junto a esa persona, también estás creando karma para ti mismo. Así que, para liberar este karma, solo tienes que hacer una sola cosa: comunicarle con amor a la otra persona que debe respetar tu libertad, y que a partir de ahora ya no permitirás estar bajo sus pies. 
En el momento en que des este paso, automáticamente la vida dará un giro, tu karma se liberará y lograrás la paz y felicidad.

Nadie es más importante que tú mismo, que tu libertad. Y al mismo tiempo, la libertad de todos es tu propia libertad. Así que toma consciencia: respétate a ti mismo y respeta a los demás.




¡Visítenla!, fuente y agradecimiento:
Camino al Despertar 
Post Blog:
http://caminoaldespertarr.blogspot.com.es/



"Que nadie más te calle nunca, no eres un simple contenedor sin voluntad"
Adri23an






Blog muy interesante, en concreto esta entrada da en el clavo sobre ealidad de muchas familias. Visiten este post por favor

La COSECHA de ALMAS:

http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2016/03/familia-toxica-todos-mienten.html

Artículo Escrito por Rubén Torres Sierra



Familia Toxica: Todos Mienten.

Vivimos en estados de toxicidad emocional, esto crea un aletargamiento de la consciencia de uno mismo y te provoca que te alejes del ideal, o la forma natural de existencia, equilibrada y armónica. Si niegas la toxicidad te niegas a ti mismo ya que no es un problema de ego, sino un problema de negación de la realidad, nadie en absoluto es completamente feliz, y lidia mejor o peor con el contagio toxico emocional que generan quien supuestamente más te quieren. Tras largo tiempo investigando y persiguiendo por qué tus seres queridos pueden ser tu condena, tu penitencia y tus verdugos, me he dado cuenta que la familia feliz no existe, y que en realidad quien afirma vivir en plena armonía con sus consanguíneos es básicamente porque miente o porque miente y está sometido a esta jerarquía.

En el largo tiempo en el que llevo tratando de explicarme, porque alguien que te quiere te hace llorar, me encontrado con todo tipo de familias, he tratado de formar patrones, ver quien formaba el epicentro y quien eran los satélites, quien se retroalimentaba de otros y quien era realmente la víctima. En escasas ocasiones vi un patriarcado, por lo general la Madre es quien mueve los hilos, aun incluso en esas familias en las que el Padre parece ser el núcleo central. Jamás he conocido una familia feliz, jamás vi ese prototipo ideal de familia en el que todos sus integrantes se respetan, se aceptan y se ayudan, por lo que a mí y mi experiencia respectan, no existe.


Todas las relaciones que iniciamos a lo largo de nuestra vida tienen un propósito que no es evidente ni mucho menos, ya que venimos a ciegas a este mundo y amoldamos nuestra educación y nuestra personalidad de forma instintiva, y sobre todo de forma ambiental, según el ambiente en el que te críes así serás, pero incluso esto no es un patrón fijo, porque todas las relaciones posteriores trataran de amoldarte y someterte, es así y negarlo es inútil. Los amigos te amoldan y te adaptas a un grupo, ya que sentimos la necesidad imperiosa de ser aceptados, posteriormente las parejas te cincelan a su modo de ver, por lo general, nos enamoramos y tratamos de doblegar la personalidad del otro para adaptarla a la nuestra, es esa perpetua forma de darse cabezazos contra la pared llamada matrimonio. En este caso tengo que admitir que si se puede encontrar la pareja adecuada (llamarla perfecta sería demasiado rizar el rizo), alguien que simplemente te acepta tal cual eres y no trata de cambiarte o amoldarte a ningún ideal, conveniencia, comodidad, o cualquier otro patrón que el otro desee programar en nosotros, para hacer compatible la relación, con lo cual entran otras conveniencias que nada tienen que ver con el amor, que es lo que en un principio persigue la unión de dos personas.

De ahí que cumplir ciertos programas, presionen de tal modo que inicien la búsqueda ilusoria de la “media naranja” “ el príncipe azul” o la más inservible de todas “el alma gemela”, lo que convierte todas las relaciones en un juego de prueba/error en el que no se persigue conocer, aceptar y finalmente amar a alguien, se persigue un modelo que no existe y que jamás se encontrara, lo que esta ceguera propicia es que se rechace a todo aquel que no encaja en el patrón, un error de graves e irreparables consecuencias, porque es una negación a vivir lo que al final se produce.

Tras esto, y si al final se encuentra pareja, la fundación de la familia suele partir de varios factores, que si están alejados del amor como método, serán por defecto toxicas. No es muy difícil encontrar parejas que creen que teniendo hijos taparan ese gran agujero que es el desamor, teniendo en cuenta que no existe el desamor, sino que nunca hubo amor, y en realidad, solo fuimos una hoja empujada por el viento de lo que se espera de nosotros. Nos dejamos llevar empujados por las expectativas de otros, hasta que despertamos en algún momento en una relación vacía y en pleno rigor mortis. Si en este caso cometiste el error de tener hijos estas creando un trauma en tu progenie ya que una familia en la que no hay amor, aceptación y comprensión, es la antifamilia, y tus hijos absorberán ese vacío, suele ocurrir a menudo que estos niños aprende que el amor se compra, aceptando regalos que ambos cónyuges otorgan como moneda de cambio, creando una relación basada en el chantaje. Los niños no son tontos, y en el mejor de los casos, trataran de evitar repetir tu error, pero por lo general en las familias vacías, solo existen egoísmos, chantajes emocionales, victimismo y falsas apariencias, así que si no hubo una muestra de verdadero amor, vivirán siempre en una constante confusión de sentimientos. Esto por supuesto, es una generalidad, ya que abarcar todos los modelos requerirían un tomo enciclopédico, pero sirva como muestra. 

Finalmente me he encontrado con cientos y cientos de familias, me ha interesado siempre ver y escuchar, formarme una idea de los roles que cada uno de los integrantes juegan, y por supuesto de cara al exterior, todas y cada una de ellas eran familias idílicas, felices, comprensivas y amorosas, que cumplían el prototipo de familia casi utópica, pero que simplemente escondían sus cicatrices. Nadie quiere reconocer que viven en un cáncer familiar e incluso aquellos que dicen haber llevado una infancia feliz, con una buena relación con sus hermanos y primos, es que simplemente enmascara la verdad, y prefieren omitir los malos ratos, es lo que comúnmente se conoce como memoria selectiva. Es una forma simple de auto engaño, ya que es mejor no ver para no sufrir, y en esto está fundamentado casi el 100% de las familias.

Existe un programa que está inserto desde hace generaciones en tu árbol genealógico que dicta que lo primero es la sangre, y todo el daño que te hace la sangre, hay que tragarlo. Todas las generaciones anteriores a la mía, entendieron que la unidad y el buen clima de la familia se sustentaba en la capacidad para tragar sin rechistar, toda esa toxicidad emocional, que años más tarde acaba aflorando en forma de enfermedades y patologías de diversa índole. Callar y aguantar es sinónimo de enfermedad, y no soy yo quien lo dice, está demostrado. Pero seguir insistiendo en que todo está bien y el sol brilla, a la larga puede acabar aflorando del modo menos esperado.

Ahora tienes hijos, y si no has puesto pies en polvorosa y tu autoengaño a provocado que tu familia feliz solo sea una creencia errónea y sin argumentos, tus hijos estarán condenados a repetir los mismos patrones de chantaje, victimismo y egoísmo. Es lo que estoy estudiando ahora, los niños que son criados en ambientes tóxicos, comienzan a reproducir el modelo que tú has acabado reproduciendo de tu Padre/Madre, si no tomamos conciencia de nuestra propia toxicidad y tratamos de sanarla, acabaremos manchando a nuestros propios hijos con esa falsa forma de entender las relaciones amor entre los miembros del núcleo.

Podrás tener depresión, podrás tener ataques de pánico, ansiedad, trastornos compulsivos, pero ninguna de esas causas serán reconocidas como una acumulación de tóxicos emocionales en tu organismo causados por tu propia familia.

Todos son felices, todos mienten.


Muchas Gracias Rubén Torres Sierra

Fuente y agradecimientos:

¡Por favor visitenlo!

La COSECHA de ALMAS

http://lacosechadealmas.blogspot.com.es/2016/03/familia-toxica-todos-mienten.html



Existe un programa que está inserto desde hace generaciones en tu árbol genealógico que dicta que lo primero es la sangre, y todo el daño que te hace la sangre, hay que tragarlo. Todas las generaciones anteriores a la mía, entendieron que la unidad y el buen clima de la familia se sustentaba en la capacidad para tragar sin rechistar, toda esa toxicidad emocional, que años más tarde acaba aflorando en forma de enfermedades y patologías de diversa índole. Callar y aguantar es sinónimo de enfermedad, y no soy yo quien lo dice, está demostrado. Pero seguir insistiendo en que todo está bien y el sol brilla, a la larga puede acabar aflorando del modo menos esperado.


                                                              Rubén Torres Sierra



                                             La replica




Mi Replica




Uno en su vida hace las cosas sin esperar que te lo agradezcan toda la vida, sin esperar nada a cambio; como desarrollo de tu propio Ser, porque haciéndolas uno crece como Ser. Las disfrutas haciéndolas sin que ese hecho sea la compra de una persona, chantajeándola o desarrollando relaciones familiares tóxicas.

En el amor que uno siente por ese hecho ya hay agradecimiento, por lo menos, yo así lo siento. Los hijos también hemos entregado muchas cosas, y no se nos ocurre echar en cara, las haces por y con amor, desde lo más profundo y desinteresado de tu ser, y en ocasiones lo que tu haces ni se ve. Disfrutas tan solo viendo el bienestar y desarrollo de esa persona, eso ya es motivo de pago suficiente.

Seria como esperar que un mandala estuviese agradecido al monje por hacerlo, es absurdo ese no es el propósito de hacer un mandala. El propósito es el auto descubrimiento y el disfrutar con todo el proceso de uno mismo ya que estas creando ...y lo creado haciéndolo con AMOR porque en el AMOR ya hay agradecimiento y no interés egoísta, chantajista de un ser.

Si tu te mueves con AMOR el universo, las personas acudirán a ti a llenarte de AMOR,  y no solo el agradecimiento autómata por interés.

Hacer las cosas con amor, sin reproches,sin chantajes, desde el corazón desde tu esencia tu Ser, entonces sí somos realmente nosotros; y la mariposa acudirá a tu jardín, vendrá a tu esencia de amor, para entregarte amor y no reproches, insultos etc. Siempre y cuando el ambiente sea propicio y no vengan unas terceras personas a distorsionar el dibujo del mandala (y no parar de mal meter) ya sea por el interés que sea, económico o imagen social, egoísta y viendo que es permitido, aupado y que una sobra, en ese caso es mejor agradecer desde el corazón soltar y marchar.  Ese sí es un acto de amor con todo el inmenso dolor humano que conlleva.  Es el mejor bien para todo el mundo.

Aceptar, no es resignación, pero nada es mas doloroso que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar

Ho'oponopono; Lo Siento, Perdóname, Te Amo, Gracias.

El Amor siempre esta abierto al Amor


“Los tres filtros”

Se cuenta que el discípulo de un sabio filósofo llegó a casa y le dijo a éste:

- Querido maestro, se dice que un amigo tuyo ha estado hablando mal de ti.

- ¡Espera! – lo interrumpió el filósofo –  ¿Has hecho pasar por los tres filtros lo que ahora me vas a explicar?

- ¿Los tres filtros? – dijo el discípulo.

- Sí. El primer filtro es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que me vas a decir es absolutamente cierto?

- Bien, no lo sé directamente. Me lo han dicho unos vecinos.

- Por lo menos, – dijo el sabio – lo habrás pasado por el segundo filtro, que es la bondad. A ver, ¿esto que me vas a decir es bueno para alguien?

- No, realmente, no. Más bien al contrario.

- ¡Ah…! Entonces miremos el último filtro. El último filtro es la necesidad¸ ¿crees que es realmente necesario hacerme saber esto que tanto te inquieta?

- De hecho, no.

- Entonces – dijo el sabio sonriente – si no es verdad, ni es bueno ni necesario, mejor lo enterramos en el olvido.

          Este es un breve relato de los autores Jaume Soler y M. Mercè Conangla, recogido en su libro de cuentos “Aplícate el cuento“, obra con la que pretenden “mover a reflexionar, a explorar y, sobre todo, inducir a una acción más inteligente, armónica y ecológica”.

Fuente y agradecimiento:

http://www.eclipsesoluciones.es/blog/2013/04/los-tres-filtros/